Rubén Darío

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José Antonio Molina Farro

“Conviene desembarazarse de los protegidos muy costosos porque hacen nuestra cola demasiado larga y nuestras alas demasiado cortas”.

Bacon 

El más universal de los escritores hispanoamericanos, falleció el 6 de febrero de 1916. Revolucionó la poesía castellana en su fondo y en su forma. Su vida esplendorosa, de gran señor, rodeado de los bohemios y literatos más brillantes de la época. A la vez que un gran lírico, fue un excepcional poeta épico.

El hombre, desde que lo es, ha vivido en medio de querellas, venganzas, vanidades, vergüenzas, frustraciones, ambiciones perversas, y de forma muy recurrente la reiteración de la lucha por el dinero. Por ello, es muy gratificante leer  fragmentos de algunos de los poemas de este inmenso poeta nicaragüense.

La calumnia. Puede una gota de lodo sobre un diamante caer; puede también de este modo su fulgor oscurecer; pero aunque el diamante todo se encuentrede fango lleno, el valor que lo hace bueno no perderá ni un instante, y ha de ser siempre diamante  por más que lo manche el cieno.

Los cisnes. Brumas septentrionales nos llenan de tristeza; se mueren nuestras rosas; se agostan nuestras palmas; casi no hay ilusiones para nuestras cabezas, y somos los mendigos de nuestras propias almas… yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera, con la interrogación de tu cuello divino: ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? ¿Callaremos ahora para llorar después?

Pueblo. Pueblo vibrante, fuerte, apasionado, altivo; pueblo que tiene la conciencia de ser vivo, y que reuniendo sus energías en haz portentoso, a la patria vigoroso demuestra que puede bravamente presentar en su diestra, el acero de guerra o el olvido de paz.

Salutación del optimista. Un vasto rumor llena los ámbitos; mágicas ondas de vida van renaciendo de pronto; retrocede el olvido, retrocede engañada la muerte, se anuncia un  reino nuevo, feliz sibila sueña, y en la caja pandórica de que tantas desgracias surgieron, encontramos de súbito, talismánica, pura, riente, cual pudiera decirla en sus versos Virgilio divino, la divina reina de luz, ¡la celeste Esperanza! Pálidas indolencias, desconfianzas fatales que a tumba o a perpetuo presidio condenasteis al noble entusiasmo… La alta virtud resucita, que a la hispana progenie hizo dueña de siglos. Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos; formen todos un haz de energía ecuménica. Sangre de Hispania fecunda, sólidas ínclitas razas, muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo. Vuelva el antiguo entusiasmo, vuelva el espíritu ardiente…Juntas las testas ancianas ceñidas de líricos lauros, y las cabezas jóvenes que la alta Minerva decora. Un continente y otro renovando las viejas prosapias, en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua, ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos. La estirpe latina verá la gran alba futura.

América indígena. Mas la América nuestra que tenía poetas, desde los viejos tiempos de Netzahualcóyotl, que ha guardado las huellas de los pies del gran Baco, que el alfabeto pánico en un tiempo aprendió; que consultó los astros, que conoció la Atlántida, cuyo nombre nos llega resonando en Platón, que desde los remotos momentos de su vida, vive de luz, de fuego, de perfume, de amor, la América del grande Moctezuma, del inca, la América fragante de Cristóbal Colón, la América católica, la América española, la América en que dijo el noble Cuauhtémoc: “yo no estoy en un lecho de rosas”; esa América que tiembla de huracanes y que vive de Amor, hombres de ojos sajones y alma bárbara, vive. Y sueña, y ama, y vibra, y es la hija del Sol.

Letanías de nuestro señor Don Quijote. ¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma atientas, con la fe perdida, llenos de congoja y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español! De rudos malsines, falsos paladines, de espíritus finos y blandos y ruines, del hampa que sacia, su canallocracia, con burlar la gloria, la vida, el honor, del puñal con gracia, ¡líbranos señor!

Los ideales. Porque cantáis la eterna “Marsellesa”, que maldice el poder de los tiranos; porque alzáis ardorosos en las manos, el perdón de la luz con entereza; porque deseáis que caiga la cabeza de la hidra aristocrática, y ufanos dais al pueblo principios soberanos, que destruyen el mal la niebla espesa. Porque gritáis que es libre el pensamiento; que no tiene cadenas la conciencia, y proclamáis con fuerza y ardimiento, que hoy impera no más la inteligencia, la muchedumbre, criminal y necia, os escupe, y os odia, y os desprecia. 

El bufón. No es poeta el vil histrión, que abriga mal corazón; y no es poeta el villano y adulador cortesano que se convierte en bufón.

P.S. 

¡Si sólo nos odiaran! El odio es todavía arma leal; pero la envidia, la envidia es odio envenenado, y sus heridas son mortales. Jacinto Benavente

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