Platanito: La Feria

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Sr. López

Tío Macro, de los de Autlán, era macho, macho, ¡macho!, de los de antes, para los que la esposa era la maquiladora de hijos y de las tres comidas calientes. Para su desgracia, el Creador no le dio hijos varones y lo premió con nueve hijas, nueve, que fueron creciendo y poniéndose mejor que la lavadora ‘De Luxe’ de la abuela Elena, lo que enconaba sus instintos autoritarios en aras del riguroso cuidado de la virtud de sus hijas, hasta que un día, las nueve señoritas le plantearon una huelga de buen comportamiento: -O nos dejas tener novio o solteras nos embarazamos todas –y su esposa, remató: -Nomás piensa cómo vas a hacer para cuidar a todas al mismo tiempo -y el tío cedió porque decía la abuela, tonto no era. Prototipo del Jefe de Estado autoritario y maligno, es Adolf Hitler, dueño de la primera y la última palabra en el gobierno de Alemania de 1933 a 1945.

Leyendo biografías de semejante monstruo, a veces hasta miedo se siente, de verdad nada lo detenía. ¿Nada lo detenía?… bueno, pues ahí le va una historia real: A principios de 1943, Hitler ordenó terminar con los judíos que aún residían en Berlín. La Gestapo en un solo día, el 27 de febrero de ese año, detuvo cerca de seis mil de los que 1,800 estaban casados con alemanas.

Los confinaron en los números 2, 3 y 4 de la calle Rosenstrasse (Calle de las Rosas), en el centro de Berlín, custodiados por elementos armados de las muy temidas SS, a la espera de ser enviados a campos de exterminio.

Lo que no imaginó nadie fue que espontáneamente, se reunieron cientos de alemanas esposas de judíos frente al lugar en que estaban los detenidos, gritando a los guardias de la SS, ¡Devuélvanos a nuestros maridos!; los guardias amenazaron con disparar. La manifestación siguió. Y siguió seis días más hasta que el 6 de marzo de 1943, se liberó a todos los detenidos. Hasta ese momento la protesta era apolítica y Hitler (¡Hitler!), comprendió que de seguir, podía provocar una reacción nacional. Después, ante la posibilidad de que continuaran las protestas, Hitler ordenó el 18 de abril de 1943, que los judíos en Alemania dejaran de portar la estrella amarilla que los distinguía y el 21 de mayo de 1943, mandó liberar de los campos de exterminio a todos los judíos casados con alemanas.

Había que eliminar las razones de la protesta, escribió Goebbels. Las protestas de la calle Rosenstrasse, salvaron la vida de miles de judíos en Alemania. Hitler tenía recursos sobrados para hacer una manifestación masiva de cientos de miles, en apoyo a él y sus decisiones, pero reculó porque era un monstruo, no un estúpido. Esa protesta de apenas unos cientos ha influido en la manera en que los historiadores alemanes analizan el régimen nazi y su férreo control de la población.

Sorpresivamente hay quienes niegan los hechos pero otros como Konrad Kwiet, sin ambages, reconoce que “el resultado exitoso de esta protesta tardía sugiere que si acciones similares en una etapa anterior se hubieran llevado a cabo en toda Alemania, podrían haber detenido el curso cada vez más destructivo de la política antijudía alemana”. Hoy, dignamente, en Berlín, en la calle Rosenstrasse hay una columna en honor a la protesta.

Y desde 1995, en un parque cerca del lugar hay un monumental conjunto escultórico en memoria de esas mujeres que impidieron una atrocidad de Hitler; tiene una inscripción que reza: “La fuerza de la desobediencia civil, el vigor del amor, superan la violencia de la dictadura.

Devolvimos a nuestros hombres, las mujeres de pie aquí, frente a la muerte, liberaron a los hombres judíos”. Si le interesa, léase ‘Protesta en la comunidad nacional de Hitler: disturbios populares y la respuesta nazi’, de Nathan Stoltzfus. Nueva York. 2016. No tengo que advertirle el motivo de esta remembranza.

Las marchas del 13 de noviembre que en la capital nacional concitaron a tal vez 800 mil personas (según Google maps), y muchedumbres en 50 ciudades del interior y de algunos grupos de mexicanos residentes en cuatro ciudades del extranjero, NO fueron manifestaciones de repudio al Presidente, sino para manifestar desacuerdo a una iniciativa de reforma de nuestras leyes electorales.

El Presidente, desde que tomó el poder, lejos de adoptar su papel de Jefe de Estado y de Gobierno, Presidente de todos los mexicanos, asumió el comportamiento que le es propio, el de opositor, pero no pudiendo oponerse al gobierno que encabeza, lo hace contra enemigos imaginarios, porque en México no hay un cuerpo social ni político, que sea lo que él llama ‘adversarios de la transformación’, ni ‘bloque conservador’, que a lo que hay oposición es al desmontaje del entramado institucional que se construyó a lo largo de décadas para impedir los abusos que propicia el poder absoluto en manos de una persona o un partido.

Y eso es lo que irrita al Presidente: la presidencia que recibió no es ni se parece a la que él conoció en sus tiempos de priista, la de Echeverría o López Portillo, omnímoda y omnipotente.

Aparte de convocar una contramarcha peculiar en un Jefe de Estado, contra una parte de la ciudadanía, ayer inició la campaña del 2024. Dijo en su mañanera: “Aprovecho para decirle a la gente (…) no solo votes por el Presidente o por la Presidenta, si quieres que haya una transformación o se mantenga la transformación, apoyar también votando por los candidatos al Congreso porque si no, lo van a ningunear”.

O sea, se va a su finca pero nos encarga el rancho. Ya nos dijo qué hacer si queremos su transformación.

Él ganó arrolladoramente y ha gobernado a plenitud. Y ahora pide el voto para 2024 a favor de su proyecto de país, porque sabe que no cuajó en el ánimo nacional.

Y ayer en la Cámara de Diputados, Morena dijo que planea recortar otros tres mil millones de pesos al presupuesto anual del INE y reducir su estructura orgánica. ¡Cuánta necedad!El remedio era muy fácil o qué ¿le dolió cuando dijo?: “Sé que los herí, sé que los lastimé, ofrezco sinceras disculpas desde el fondo de mi corazón”… -sensato Platanito.

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