Nos vemos a la salida: La Feria

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Sr. López

Contaban de la hermosa tía Elsa, de las de Guadalajara, que tuvo al mismo tiempo tres novios (muy organizada ella), y cuando informó a sus papás con cuál se casaba, pegaron el grito en el cielo porque era pasado de feo (un sapo el tío Emilio). Pero ella explicó a solas a su mamá la razón: era el que le hacía muy buenos regalos y tenía el mejor coche. Su mamá aprobó su decisión. Cada quién.
En boca de los analistas políticos, el tema más candente es la inminente elección de la próxima Gobernadora del Estado de México, que disputan dos damas (es un decir, son una dama y una… usted póngale, que rime con nata o pata).
Que si las elecciones en el Estado de México, son el “laboratorio” de las presidenciales; que el partido que las gane va en caballo de hacienda para las presidenciales; que ganar allá es el inicio del “rescate” de México… y muchas más afirmaciones de los que dicen que saben.
Pero, no es así. El Estado de México lo gobernaba el PRI cuando ganaron por el PAN, Vicente Fox y Felipe Calderón y luego, Andrés Manuel López Obrador por Morena. De poco le valió el Estado de México al PRI en 2018, cuando obtuvo apenas el 16.40% de la votación nacional.
Como este menda carece de credenciales de analista político, recurre al uso de frases infalibles y para este caso, acomoda esta: las elecciones en el Estado de México, son buenas solo para el Estado de México. Sabio se hace uno con los años. Lo que suceda después en el 2024, va por cuerda separada y nada influye esa entidad en lo que se elige en el resto del país. Imagínese a un norteño o a un yucateco, preguntando a boca de urna, boleta en mano, qué partido gobierna el Estado de México para saber cómo vota.
Otra cosa muy distinta es que el padrón del Estado de México, ronda los apetitosos 12 millones de electores, casi el 13% del total de 95.8 millones de votantes del país. Muy apetitosos si quien gobierne allá en 2024 tiene pensado hacer trampas en las elecciones presidenciales, inflando cifras. Pero no es tan fácil, ni se crea.
Si por designios del electorado del Estado de México, triunfa la candidata de Morena, tampoco es como para rasgarse las vestiduras: el PRI ha gobernado ahí desde 1929, cuando ganó las elecciones (no se ría), el coronel obregonista Filiberto Gómez, quien fue nada menos que Presidente del Comité Organizador del Partido Nacional Revolucionario, como se llamaba entonces el PRI. Son ya 94 añitos de gobiernos tricolores y no sería la gran sorpresa que los mexiquenses quieran probar otra sopa. La lástima es que la señora que les pusieron de candidata desde Palacio Nacional, los va a hacer ver su suerte. De su texto servidor se acuerdan. Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
Y si lo de mal usar el padrón electoral mexiquense no es nada sencillo, lo que sí hace salivar a cualquiera, es el presupuesto de la entidad económicamente más importante del país. Mucho dinero se puede malversar para las campañas del resto el país. Ahí pregúntenle a Enrique Peña Nieto que así construyó su candidatura a Presidente, financiando campañas ajenas y amarrando tratos de esos inconfesables y por lo mismo, los preferidos de cierta clase política. Ya no le cuento más para no abollarle su muy mexicana candidez.
El Estado de México es una mina de oro para los políticos. Y para los que consideran que el dinero desviado para hacer política no es robo, sino aportaciones a la causa, más. Es que están que se les queman las habas por tener el control de los casi 360 mil millones de pesos de presupuesto mexiquense (este año 2023, su gasto suma 356 mil 816 millones 941 mil 532 pesos). Imagínese que nada más para la nómina del Poder Ejecutivo estatal se dispone de arriba de 74 mil millones de pesos… el diezmo (acostumbrado), da una tajada enorme que no sería desvío ni nada sucio, sino aportaciones, no se le olvide, aportaciones al movimiento.
Lo que realmente importa son las elecciones del 2024, cuando serán elegidos entre otros miles de cargos, el Presidente de la república y el nuevo Congreso (diputados y senadores).
Los morenistas dan por hecho que van a ganar otra vez. Muchos analistas, coinciden. Ya veremos porque con el elector nacional la cosa nunca es segura. Igual le dieron un triunfo arrollador a Ernesto Zedillo que de líder de masas se hubiera muerto de hambre; que en las siguientes dos vueltas, coronaron a Fox y Calderón, del PAN; para contra todo pronóstico y como ratificación de que siempre caemos en los mismos errores, regresar a los brazos del PRI con Peña Nieto. Sí, predecible no es el electorado tenochca.
Aunque, pensándolo bien, sí hay algo en lo que el votante del peladaje estándar, es muy consistente: nunca le da mayoría absoluta en el Congreso al partido de quien eligió como Presidente.
Esa mayoría indispensable para poder hacer charamuscas con la Constitución (dos tercios más una curul en ambas cámaras), por alguna extraña razón nunca, de Zedillo a la fecha, se la dan al nuevo Presidente.
Por eso el Ejecutivo en funciones ya empezó su campaña electoral 2024, pidiendo a la gente que le den a su partido todo, todo: el Poder Ejecutivo y el Legislativo, entre otras cosas para poder modificar la Constitución en su último mes de gobierno y pasar a cuchillo a la Suprema Corte, cuando menos. Se ve difícil. Que se dé de santos si ganan la presidencia porque -pequeño detalle-, él ya no estará en la boleta y eso regresa casi automáticamente a Morena al voto duro de AMLO, que ronda los 15 millones.
No se le olvide, en 2021, en plenitud del poder presidencial, Morena sumó 16 millones 760 mil votos, trece millones 360 mil votos menos que en 2018 y dos millones menos que la oposición sumada. La intermedia la perdieron. Invencibles no hay, nunca.
Así, aunque la abstención se mantenga como siempre, el resultado electoral no está amarrado para nadie y la estrategia de Palacio de inundar de dinero la campaña no está tomando en cuenta que todavía les falta la predecible catarata de escándalos. Nos vemos a la salida.

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