Ni madre: La Feria

0

Sr. López

Un tío de este menda, en su tiempo fue un poderoso y conocido líder sindical (por eso no anoto su nombre, no lo vayan a identificar), que enardecía muchedumbres en mítines y asambleas con sus arengas incendiarias, de una izquierda radical que hacía parecer nenes de pecho a Lenin y “La Pasionaria” (Dolores Ibárruri). Hablando convencía a un oso polar de irse a vivir a Acapulco, pero él vivía en una mansión en Las Lomas de Chapultepec, con jardines en los que se necesitaba guía para no perderse. Una vez, en una sobremesa en la casona, ya mayor de edad su texto servidor, quedamos solos y le pregunté con sorna y no buenas intenciones, si así vivían los comunistas, y sin parpadear respondió: -No, solo los que triunfamos -¡ándale!, y tomó otro sorbo de su coñac (francés).
¿México puede ser un país comunista?… bueno, eso es exagerar…. ¿puede ser un país socialista?… tal vez se pueda decir más suavecito… ¿México puede NO ser un país capitalista?… No, la respuesta es no, a las tres preguntas, aunque nos hayamos dado el gusto (?) de pretender ser un país de izquierda, sin serlo jamás con perdón de Obregón, Calles, Cárdenas y Echeverría, que a la hora buena matizaron hasta desfigurar sus pretendidas convicciones, como López Mateos, quien ante la arrolladora propaganda de la época, favorable al comunismo, al socialismo y en particular a la “revolución” castrista, declaró: “Soy de extrema izquierda… dentro de la Constitución”, ¡ah, bueno!
A nuestra Revolución y muy en serio, se intentó inyectarle ideología comunista (que no marxista), mucho antes de que el mundo se enterara de sus horrores y sus sonoros fracasos en Rusia (URSS), China, sudeste asiático (Camboya), media Europa, parte de África y la mártir Cuba.
De hecho, se consideraba que la Revolución Mexicana era precursora de la revolución rusa, la bolchevique, tanto que nuestra Constitución, con reivindicaciones sociales, aspiraciones de reparto social equitativo de la tierra y la riqueza, es de 1917, cuando en Rusia todavía estaban platicando a balazos, que la URSS tuvo Constitución hasta 1924 (aunque hubo una en 1918 que no se aplicó porque… porque no existía todavía la URSS, detallito).
El sesgo socialista de nuestra Constitución de 1917, hoy vigente, se debió entre otros factores, a la influencia que sobre Venustiano Carranza tuvo un tal Manabendra Nath Roy, oriundo de Bengala, activista radical, teórico político marxista, luego cuatacho de Lenin, que le sugirió a Carranza implantar en México un movimiento de masas que nos protegiera de otra intervención yanqui (y fundó en 1919 el Partido Comunista Mexicano y ya después se fue a su tierra y fundó el Partido Comunista de la India). Por cierto, don Roy, al término de la Segunda Guerra Mundial se recicló, abandonó el marxismo ortodoxo y buscando una tercera vía entre el liberalismo (capitalismo) y el comunismo, adoptó la filosofía del “humanismo radical”, que entre otras ideas de Ivan Illich (1926-2002), impulsa el ideal de la sociedad “desescolarizada” (por si le interesa nuestro actual escandalete sobre los libros de texto gratuitos que resultaron ser de gratuito texto, en la acepción de gratuito como sinónimo de injustificado, arbitrario, improcedente, fútil). Pa´l caso.
Como sea, llegó Manuel Ávila Camacho a la presidencia, encausó al país rumbo al liberalismo económico (capitalismo), y quedó en agua de borrajas eso de hacer de México un país comunista (que no marxista). Y, seamos serios, ni Obregón ni Calles; ni Cárdenas ni López Mateos; ni Echeverría fueron comunistas. Obregón que firmó con los EUA los Tratados de Bucareli (o no lo reconocían), y persiguió al Partido Comunista; Calles porque purgó de socialistas al gobierno, cerró las fronteras a los comunistas y defendió la propiedad privada y la actividad empresarial; Cárdenas con su casa en Las Lomas; López Mateos con sus autos deportivos; y Echeverría con sus cientos (¿miles?) de propiedades inmobiliarias y sus casas-haciendas en San Jerónimo y Cuernavaca (murió multimillonario).
Luego vino la catástrofe global. Cayó el comunismo entre 1990 y 1991. Se disolvió la URSS, los cuarenta países comunistas que había, quedaron en cinco: China, Cuba, Laos, Vietnam y Corea del Norte, y solo este último, no se ha abierto a la economía de mercado (capitalismo), pero, todos los cinco con partido político único, con represión abierta a toda oposición y sin derechos humanos reconocidos. Chulada.
Con el país ya alejado de la pesadilla comunista (que no marxista), y bajo la inmensa influencia de los EUA, nos incorporamos a la economía global, se firmaron acuerdos y tratados sin los que hoy seríamos un erial, y se modificaron nuestras normas constitucionales incorporando los órganos autónomos, esos que ahora nos aseguran que el gobierno no sea omnipotente y no pueda abusar de ciudadanos, inversionistas ni empresarios. Muy bien.
Sin embargo, el gobierno (es un decir), el federal, el que está en el poder, el del señor de Palacio, pareciera dispuesto a dejar su impronta en la historia inmediata de México, a través de la educación de nuestros niños. Vano afán que casi da ternura: ¿se esperaron cinco años para empezar a cambiar nuestra educación?… ¿no saben que solo dura seis años el periodo?… de veras, sobre de la ineptitud, sobre la ineficacia, sobre la inmensa corrupción que cobijan, la ocurrencia, la puntada, la improvisación. Nada les sale bien porque todo lo hacen mal.
Y los que forman el grupo cerrado de exaltados y extremistas adoradores de la 4T (léase, del Presidente), no engañan a nadie. Son y se les nota lo que son: trepadores, oportunistas, cuatroteístas por conveniencia y no pocos, corruptos, marxistas exquisitos de Polanco, la del Valle y Las Lomas. Ya llegará su tiempo, el de dar cuentas, el de afrontar responsabilidades, sin el apoyo de quien sea que quede en la presidencia de la república, básicamente porque fracasaron y en la vida, especialmente en la política, la derrota es amarga y no tiene padre ni madre.

Deja una respuesta