Mártir: La Feria

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Sr. López

Tía Úrsula fue la primera de la muy católica familia materno-toluqueña, que se divorció, allá por los años 40 del siglo pasado, y en vez de ser escándalo, la felicitaron: era una alimaña su ya exmarido, tipo burdo, ranchero sudado y mal fajado que dormía con botas (es exageración, no se crea). El escándalo fue cuando volvió a casarse con la misma sabandija, alegando que no, que no era el mismo, que había cambiado y sí, ya no usaba botas y andaba de traje y corbata, sudado. El segundo divorcio la dejó con fama de bruta. Era.
En lo que el Frente opositor despierta y Xóchitl regresa a ser Xóchitl, todos los integrantes del peladaje nacional (es exageración, no se crea), recitamos: Recuerde Morena dormida,/ avive el seso y despierte/ contemplando/ cómo se pasa el sexenio,/ cómo se viene septiembre/ tan callando;/ cuán presto se va el poder,/ cómo, después de abusado,/ da dolor;/ cómo, a nuestro parecer,/ cualquier gobierno pasado/ fue mejor (con perdón de rodillas a don Jorge Manrique).
Sí, el tenochca pensante siente como un alivio en el pecho: ¡ya se va!; no, no dolió tanto; no logró todos sus estropicios, seguimos teniendo INE y Suprema Corte y… ¡ya se va!
Pero al mismo tiempo, porque en esta vida nunca hay completo, el sufrido tenochca siente un ligero sofoco premonitorio: este leviatán transformador (y leviatán es un monstruo), se propone a cualquier precio (en dinero y mapachadas), poner en Palacio a una sucesora que públicamente se compromete a la “continuidad con cambio” porque, dice, “el pueblo de México sabe que va a continuar la cuarta transformación de la vida pública de México”. Sí, ella es Claudia Sheinbaum (foquitos alrededor del nombre… ¡viva!, ¡viva!… ¡es un honor estar con…!, no, no rima, ni modo).
En efecto, el 20 de noviembre pasado, al registrarse como precandidata única de Morena & Cía., a la presidencia de la república, doña Sheinbaum se comprometió a continuar la 4T, tal y como ordenó el presidente López Obrador el 18 de marzo pasado: sin zigzagueos. Dijo:
“Asumo la precandidatura a la presidencia de la república por Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde (…) con la plena responsabilidad de continuar el rumbo trazado por nuestro pueblo, sin zigzagueos, el rumbo de la transformación que ha iniciado el presidente Andrés Manuel López Obrador” (nótese la maroma discursiva: el pueblo trazó el rumbo y como el Presidente es el pueblo, inició el rumbo de la transformación, ¡chulada de máiz prieto!).
En su galano discurso, doña Sheinbaum aseguró que construirá el segundo piso de la 4T (se quedó con ganas de más después de los segundos pisos del Periférico), concretando en 17 “puntos estratégicos” su compromiso de darnos más de lo mismo. Curiosamente el número 16, el penúltimo, fue sobre la “gobernabilidad, paz y seguridad como fruto de la justicia en todos los ámbitos” (doñita, ese era el primero, no sea así); y en el 17 y último, aseguró que va a seguir con la “Reforma al sistema judicial y las reformas pendientes”… si no es amenaza, parece. Luego que no chillen los que no votan, estamos advertidos.
Lo malo para doña Sheinbaum es que continuar la transformación pasa por cumplir lo que deja pendiente este gobierno. Por ejemplo:
Seguridad pública (que no vaya a tener más muertos que su faro, guía y líder, que ya rondan los 175 mil, muchos más que en cualquier otro sexenio); Ayotzinapa (sin comentarios, ahí le encargamos, doñita); erradicar la violencia de género (súper compromiso de esta administración); la nueva escuela mexicana para la educación pública (y que cuando menos no se opongan padres de familia y la CNTE); vacunación para los niños (para todos); salud como en Dinamarca y con súper farmacia (no se le olvide); crecimiento económico (ojalá supere el 0.9% anual que el actual Presidente, calificó como “milagro”, porque ya se le olvidó que se comprometió al 4%, pelillos a la mar); terminar el trenecito Maya (ya le avanzaron con 47 kilómetros, le faltan 507… no hay excusas); que el aeropuerto Felipe Ángeles ya tenga clientes y aerolíneas (y muy recomendable, que haya modo de llegar, que tenga conexión terrestre); terminar las obras ya inauguradas: el tren El Insurgente México-Toluca; el acueducto “El Cuchillo”; la refinería de Dos Bocas (y que refine); la autopista Oaxaca a Puerto Escondido; y terminar aunque no estén inauguradas, la Presa Nuevo León; el Corredor Transístmico (con parques industriales); y el parque ecológico en el Lago de Texcoco. Y cuando ya haya cumplido todo eso, acuérdese de descentralizar las secretarias de estado (no le saque).
Aparte y sin ganas de molestar: doña Sheinbaum, no se le olviden dos compromisos un poquito importantes: acabar con la corrupción y la impunidad. Nomás que se ande con cuidado con lo de la corrupción, porque no se vale que audite del gobierno 2012-2018 para atrás, que ya le toca al 2018-2024.
Ya es lo de menos echarse al plato la Suprema Corte (que ni va a poder), y cuantimenos el huachicol, que sigue y sigue y lo del fentanilo, que también sigue y sigue (nota: señora, cuídese del tío Sam, ya está un poco harto).
En eso nada más, en cumplir los compromisos del 2018 al 2024, se la va a ir completo su sexenio, del 2024 al 2030. Y quién sabe.
Ante la montaña de compromisos incumplidos y propósitos esperpénticos, es que se queda uno pensando: ¿en qué estaría pensando doña Sheinbaum cuando se comprometió a seguir por esa ruta de chascos?… y peor ¿de veras cree que ofrecer seguirle con más de lo mismo seduce al electorado?… o tal vez sea nada más una estrategia, esa vieja estrategia de jurar amor eterno hasta que se consigue aposentarse en La Silla, para hacer después lo que le venga en gana. Dada su mentalidad de científica de altos vuelos (que sí es), es casi seguro que cancele algunos de los adefesios de ahora.
Esperemos que doña Sheinbaum, si llega a ganar los comicios y eso está en el lomo de un venado, se acuerde de santa Úrsula que por necia (es la de las once mil vírgenes), acabó siendo mártir.

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