Mal muerto: La Feria

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Sr. López

El primo Artemio, de Autlán, se puso de novio de una tapatía viuda joven guapa de boquear. Su papá, tío Tencho, ranchero sin escuela pero muy sabio, le dijo: -Antes de que te enamores en serio, averigua cómo fue su marido, si fue malo, síguele; pero si fue bueno, déjala, a un buen muerto nadie le gana –no oyó consejo; lo que duró casado fue un infierno.
Políticos hay de muchas clases y los que fracasan. Sí, buenos o excelentes, malos o pésimos, hay quienes triunfan y quienes no.
Las causas del fracaso pueden ser muchas, desde la mala suerte -y político sin suerte que se dedique a la sastrería-, hasta la perversidad o desatinos que a la larga o a la corta siempre terminan en fiasco.
Si, como dice el diccionario, perverso es lo “sumamente malo, que causa daño intencionadamente” y lo “que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas”, el actual gobierno federal mexicano es perverso.
No vale la pena intentar un resumen de perversidades, daños y corrupción de este gobierno federal, están a la vista y son muy sabidos. Solo como ejemplo destacadísimo de lo que es capaz este gobierno, que no se nos olviden nunca los niños con cáncer sin medicinas ni tratamiento.
Y de sus desatinos, sabiendo que desatino es falta de acierto, locura, despropósito y error, también según reza el diccionario, no merece la pena desperdiciar teclazos, son muchos y muy notorios, particularmente lo que ya inevitablemente es el sello de su gobierno: el crecimiento que ha propiciado de la inseguridad pública; aparte de sus inacabadas obras -a capricho, ejecutadas a la fuerza e imposibles de amortizar-; y el engaño cínico de su lema de la austeridad republicana, austeridad del gobierno que más recursos ha derrochado en la historia del país, sin duda, sin medida pero medido, porque siempre hay registro y siempre acaba por conocerse, todo.
En México, no todos pero sí muchos de sus gobernantes, recurren a la propaganda masiva para tender telones que oculten la realidad, decorados sexenales, manipulación de cifras, mentiras oficiales para salir del paso y aparentar triunfos desde la cumbre de sus fracasos acumulados. Este Presidente es de esos y no solo sino que encima parece confiar en que sus engaños se imponen realmente a la realidad.
Pero lo que lo distingue de todos sus antecesores es su absoluta falta de respeto a todo y a todos; solo sus miedos lo hacen aparentar respeto, por ejemplo al tal Trump y siempre a los EUA, si se encuentra frente a sus funcionarios porque si está en la confianza del Salón Tesorería, ante sus domesticados habituales, se envalentona y dice de su ronco pecho.
Lo primero que no respeta este Presidente, son las leyes, confesadamente, “no me vengan con ese cuento de que la ley es la ley” (dicho el 6 de abril de 2022, en su mañanera, no se le vaya a olvidar a nadie), y nada nuevo se puede decir de su desfachatada altivez ante los otros dos poderes, Legislativo y Judicial, aparte de su manifiesto desprecio por los órganos autónomos, que son constitucionales, por cierto.
De manera inexplicable, parece creer que en estos tiempos la presidencia de la república es como la del PRI imperial de hace más de 50 años, cuando Luis Echeverría, olvidando su tristísima y prolongada expresidencia, siempre despreciado, confinado a la terrible soledad de los que se creyeron insustituibles. Tontera máxima en este país que siempre y en cada hito de su historia, ha contado con los necesarios para rehacerse y reconstruirse. Siempre.
Y la oferta de campaña de la candidata por él elegida a sucederlo en el cargo, es la continuidad con cambio, hacer el segundo piso de esta transformación que encalló en desastre.
Es imposible saber si doña Sheinbaum lo dice de dientes afuera o es su convicción, pero en cualquier caso es cargar con una piedra de molino en la carrera con obstáculos que es toda campaña presidencial, del año 2000 para acá, porque es de suponer que la señora sabe bien que no estamos en 1970, cuando las campañas presidenciales eran anticipadas giras triunfales. No. Ahora sí se compite. Se compite en serio. Que le pregunte a su patrono cómo le fue en 2006 y 2012. A menos que ella tan fiel a su mentor, quiera seguir sus pasos, su periplo, y competir este 2024, el 2030 y ganar en 2036, cuando tendrá 74 años de edad.
La cosa se le ha complicado de más a doña Sheinbaum con las últimas iniciativas de reformas a la Constitución que ya presentó el Presidente y ella de inmediato salió a decir que no solo las secunda sino que “son parte del programa que vamos a presentar el 1 de marzo a la ciudadanía”. Allá ella.
Claro que hay quienes sostienen que ese discurso de sumisión al Presidente con que hace su campaña la doñita, es estrategia porque ni modo que se aparte de él ni lo confronte, que el caballero es muy capaz de cambiarla. Bueno, tal vez. Uno qué va a saber.
Pero lo que sí es cierto es que si gana las elecciones doña Sheinbaum y asume el cargo, mandará ella. Eso es seguro. Los temores de un nuevo maximato son de cuento de miedo, de telenovela. Ni él es Plutarco Elías Calles, ni ella es Emilio Portes Gil. Ni México es la ruina en reconstrucción que era en 1928, cuando la raza no quería democracia ni crecimiento del producto interno bruto, quería que parara la guerra civil, que alguien mandara y pusiera orden. Eso es irrepetible.
Dicho eso, se solicita que alguien le diga a doña Sheinbaum que mandará sí, pero primero necesita ganar y si cree que trae el triunfo en el bolso, se está equivocando, mucho. El tenochca simplex en 1994 sorprendió a toda la clase política cuando le otorgó un triunfo arrollador a Zedillo; igual los del peladaje dimos otro campanazo en el 2000, cuando ganó Fox, a pesar de que masivamente las encuestas lo daban por perdedor. Y si de sorpresitas hablamos, que se acuerde la doñita que el PRI volvió a ganar en 2012, porque contra todo pronóstico el PRI revivió.
Tan fácil que era esta campaña, con tanto que corregir y con un Presidente que políticamente es un mal muerto.

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