Incongruencias

0

José Antonio Molina Farro
“Los espíritus puramente lógicos, los dialécticos, son los más dañinos…Líbrennos los dioses de estos malos bichos teorizantes, fanáticos, rectilíneos, aniquiladores de la vida”. Julio Torri.

Carlos Román García epistemólogo y maestro del pensamiento acicatea neuronas, provoca, invita a una pedagogía de la deliberación crítica como esperanza de rectificación, a reinventarnos con nuevas ideas y creencias, a trascender el hoy, a repensar el futuro.

En una rica reflexión compartida abordamos a Séneca y a Norberto Bobbio, personalidades tan distantes en el tiempo, pero tan cercanos en sus claro oscuros e incongruencias.

Sobre Séneca, Carlos Román me hizo llegar un texto de Carlos Javier González Serrano, mismo que disecciono, “Séneca: en busca del sumo bien”.

Este gran filósofo de obediencia estoica, pragmática y selectiva, decía que el sumo bien y la felicidad (efectos y no causas de la virtud moral) no sólo residen en el alma del hombre sino que la fundan y engrandecen. “Vivís como si fuerais a vivir siempre, nunca recordáis vuestra fragilidad, no observáis cuánto tiempo ha pasado ya.

Lo perdéis como si dispusierais de un depósito lleno y rebosante, cuando puede que precisamente ese día dedicado a un hombre o una cosa sea el último… ¡Qué estúpido olvido de la mortalidad es diferir hasta los cincuenta o sesenta años los buenos propósitos y querer iniciar la vida allá donde pocos llegaron!” Aquí recordé una frase de este escritor político y filósofo, en mis años de juventud, “No es breve la vida, largo es en el hombre el descuido del tiempo”. “El futuro no es nuestro aliado, el presente, lo único real, no se repetirá y debemos exprimirlo en busca del sumo bien”… “Nadie te devolverá los años, nadie te entregará otra vez a ti mismo”.

“Lo más excelso de lo humano es la razón… La razón perfecta se llama virtud y coincide con la honestidad”. Quién podría poner en duda los preceptos de quien pasó a la historia como uno de los moralistas de más alto abolengo. Veamos. Séneca formó parte, por un largo tiempo, del ´consejo privado del emperador´ Nerón, cargo que se contradecía con sus virtuosas tesis.

Fue duramente criticado y calló en uno de los episodios más controvertidos de la confluencia entre su vida real y sus enseñanzas. Sirvió sin reservas al tirano, acumuló un gran poder político y obtuvo pingües beneficios por su cercanía con el poder imperial. Séneca no vivió como pensó y escribió.

El valor histórico y filosófico de su doctrina queda fuera de duda, pero su incongruencia rayaba en el cinismo, él mismo lo escribió, escudándose en el ´deber ser´. “Tu hablas de un modo -dices-, pero vives de otro”… la misma objeción se hizo a Platón, Epicuro, Zenón… pero todos ellos decían no como vivían ellos mismos, sino cómo habrían debido vivir… hablo de la virtud no de mí mismo… “Cuando pueda viviré como es debido”.

En mi amigable charla con Carlos Román le dije: “Conozco la versión de que en el fondo, Nerón lo condenó a muerte y su posterior suicidio, porque la insultante fortuna del filósofo rivalizaba con la del mismísimo déspota. Pienso que la congruencia entre el pensar, el decir, el hacer, el vivir, el ser, es un valor fundamental.

Séneca pidió clemencia a Calígula y Claudio, que ordenaron su muerte, un ruego impropio de su filosofía estoica. Además, el tema de solapar, gobernar sin escrúpulo, con el déspota incendiario. Ya no digamos su vida preñada de lujos y ostensible riqueza material. Sus preceptos apuntan al deber ser y no al ser, su ser, vaya cosa. Lo anterior no le quita grandeza a su pensamiento, pero lo degrada moralmente en su proceder cotidiano”.

La vida de Séneca me recordó, ´mutatis mutandi´, una carta bajuna de Norberto Bobbio a Benito Mussolini, para que lo perdonara. Bobbio en su juventud traía doble cachucha, en un bolsillo la credencial del partido fascista, en el otro, panfletos del movimiento liberal socialista.

Escribe el maestro Jesús Silva-Herzog Márquez: “más que un episodio de juventud, esta incoherencia sería la marca de una vida sellada por la indecisión… Al mismo tiempo que jura lealtad al régimen para obtener una plaza como profesor de filosofía del Derecho, asiste a las reuniones del antifascismo. De poco le sirvió su juramento de lealtad pues a los 26 años es encarcelado, lo habían fichado. Tras los barrotes siguió el consejo familiar…tomó papel y pluma para dirigirse al ´Duce´, a quien dio trato de excelencia… En su carta, Bobbio le expresa a Mussolini la devoción que siente por él, rogándole que ´con su elevado sentido de justicia´ interceda generosamente por él.

Más de medio siglo después de que Bobbio mantuvo en silencio esos acercamientos, el periódico ´Panorama´ publicó íntegra la carta en 1992. Al leer este mensaje indigno, el hombre que ya era visto como un santo de la izquierda liberal, como un héroe de la resistencia antifascista, se avergüenza. ¿Por qué caí en la abyección?, se pregunta. ¿Cómo es posible que un profesor honesto, dedicado al estudio, pudiera haber escrito una carta así?” Lo que sigue es imperdible.

No es disculpa, advierte Bobbio en su respuesta, ‘La historia vista por los perseguidores’: “Una dictadura corrompe el ánimo de los hombres, los conduce a la hipocresía, a la mentira, al servilismo. Y la mía fue una carta servil. Para vencer las trampas de una dictadura se necesita fuerza y valor. Yo no tuve lo uno ni lo otro”.

Bobbio se avergüenza de su debilidad, pero no se azota con su propio látigo. “Si en tiempos de la persecución racial, dice, muchos judíos fueron inducidos al bautismo para salvarse, ¿A quién debe atribuírsele le responsabilidad del acto: al convertido o a su perseguidor?”En su magistral prosa Silva–Herzog escribe: “El fantasma de su incongruencia lo perseguiría toda la vida. Su flaqueza dramatiza su verdadera militancia: la causa de su vacilación. Puede decirse incluso que su penosa blandura personal es la fuente de su vigor intelectual.

La determinación, virtud de gladiadores, puede ser una perversión de la inteligencia. La tarea de los hombres de cultura, decía, es sembrar la duda”.

Deja una respuesta