Fiódor Dostoyevski

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José Antonio Molina Farro

“No es el placer, ni la gloria, ni el poder: la libertad, únicamente la libertad”

Fernando Pessoa

Libro del desasosiego

Considerado por muchos el más grande de los novelistas rusos y uno de los grandes de todos los tiempos y de todos los países. Falleció el 9 de febrero de 1881. Coetáneo de Tolstoi, publicó obras que le situaron en la cúspide de la literatura universal, como Crimen y Castigo, El jugador, Los hermanos Karamázov, El idiota, etc. Exploró magistralmente la sicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa.  “Es mejor ser infeliz y saber lo peor, que ser feliz en el paraíso de los tontos”. “Si quieres ser respetado por los demás lo mejor es respetarte a ti mismo”. Asombrosa su capacidad de alternar las sombras más oscuras del corazón humano con momentos de iluminación inigualables. Sus ideas marcaron la teología, la sicología, el existencialismo, la crítica literaria. Además, su obra es considerada profética por la precisión con que predijo el ascenso de los revolucionarios rusos al poder. Es en Crimen y Castigo donde más se puede acercar a ese “susurro” que hizo Dostoyevsky sobre el triunfo del pensamiento y el Estado totalitario que gobernaría un siglo después. Fue un teólogo en sentido original. Un escritor religioso que critica la pérdida de valores. Tenía una profunda devoción por Dios y una creencia inamovible en Jesucristo.  “El amor tiene prioridad sobre el conocimiento”, “en cada una de sus páginas hay un espacio abierto a lo sacro”, “Dostoyevsky ayuda a entrar en contacto con el misterio” – Alessandro D´Avenia dixit-. Hay que decir que tuvo una conversión radical pues perteneció al grupo de los “Socialistas Utópicos”, quienes pensaban que había que destruir el cristianismo en primer lugar, “pues la revolución debía comenzar necesariamente con el ateísmo”. 

Y como un clásico nunca termina de leerse, van pues algunos pensamientos de personajes en sus novelas.

Compañeros de viaje. Dice Verhovensky; “Escuchen, los hemos contentado a todos: un maestro que se ríe con los niños de su Dios, es uno de los nuestros. Los funcionarios y los intelectuales, son de los nuestros Tenemos a muchísima gente, y esta misma no lo sabe”.

El rebaño. Shigalov propone dividir a la humanidad en dos partes desiguales; “Un décimo goza de una libertad absoluta y de un poder ilimitado sobre los otros nueve. Estos nueve décimos de la humanidad deben renunciar a toda personalidad y convertirse, por así decirlo, en un rebaño. En el rebaño debe haber igualdad. Sumisión antes que nada. Lo reduciremos todo a un denominador común. La sumisión absoluta, la pérdida total de personalidad, darán por resultado la igualdad completa. Y además, desde luego, estará la fuerza principal, el cemento que lo aglutina todo, será el temor de tener opinión propia. ¡He ahí una fuerza para ustedes!”

Voluntad de poder. El poder es un signo de fuerza, y la fuerza es el rasgo del hombre grande y extraordinario. Y Raskolnikov le dice a Sonia: “Todo aquel que es atrevido tiene razón a los ojos de los hombres, y el que más se atreve, más tiene razón. Creo en mi idea guía, que los hombres se dividen por ley de la naturaleza en dos categorías: una inferior (ordinaria), es decir un material que sólo sirve para reproducir su especie; y otra, la de los hombres que tienen el don o el talento de decir una palabra nueva y están destinados a gobernar a los demás”.

El nihilismo. Hasta ahora, ni vuestra sabiduría ni el fuego de vuestros corazones han sido capaces de presentar otro ideal del hombre y de su dignidad humana más alto que el presentado por Cristo.

La solidaridad humana. La solidaridad humana es un hecho más evidente y más cierto que la responsabilidad personal y más aún que la libertad individual. Nuestra dependencia predomina sobre nuestra independencia, porque no somos independientes sino en el deseo, mientras que dependemos de nuestra salud, de la naturaleza y de la sociedad; en dos palabras de cuanto nos rodea y de cuanto está en nosotros… Podemos, por la voluntad, levantarnos contra la necesidad y rehusarle homenaje y obediencia al opresor. En eso consiste nuestra libertad moral.

Seamos veraces. En esto consiste el secreto de la elocuencia y de la virtud, en esto reside la autoridad moral, esa es la más elevada máxima del arte y de la vida.

La opresión. En la alegoría del gran inquisidor éste dibuja la psicología del Estado totalitario; no hay igualdad sin un tirano que la garantice, ni tiranía que no termine con la igualación de todos mediante la opresión. 

Los bribones. En los tiempos turbulentos de cataclismo o transición, en todas partes pasan a primer plano los bribones. Sólo hablo de la gentuza que aflora en la superficie, cuya finalidad esencial es hallar algún desahogo para su malestar e impaciencia. Esa gentuza cae siempre, inconscientemente, bajo la fiscalización de un grupito de personas que obran con un fin definido, y el grupito puede manejar a todo ese populacho a su antojo. Los individuos más indignos obtendrán de improviso una influencia predominante.

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