De pena ajena: La Feria

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Sr. López

Tío Agustín y tía Jose eran un matrimonio que en estos tiempos, cada uno hubiera traído en la frente un sello advirtiendo exceso de azúcares. Eran muy empalagosos en su trato y a sus más de 40 años de matrimonio hacían el papel de enamorados (daban asco). Pero, este menda un día llegó a visitarlos y encontró a tío Agustín aventando una silla contra la pared y a tía Jose, gritándole groserías que hubieran ruborizado a un carretonero… y viendo al estupefacto texto servidor de usted, de inmediato explicaron a dúo, que estaban ensayando una obra de teatro para la parroquia y que no contara nada porque era sorpresa. ¡Vaya!
El domingo fue el no-debate entre candidatos a la presidencia. A su término empezaron los “post-debates” en la radio y la televisión, con expertos periodistas y analistas políticos explicando qué habíamos oído, que estuvo bien o mal, quién lo hizo mejor o peor. En resumen, diciéndonos qué habíamos visto. Y ayer, lunes, siguió la mata dando, como si los que vimos el debate fuéramos de capacidades diferentes (para no poner una palabra que rima con festejo y dejo), y necesitáramos que nos dijeran qué vimos o como si los que no lo vieron, tuvieran el menor interés.
Y se apresura este junta palabras a advertir que el post-debate la noche del domingo, entre Germán Martínez y Epigmenio Ibarra, moderado por Ciro Gómez Leyva, sí fue debate y sí fue interesante y sin reglas absurdas ni cortapisas, se puso buenísimo… aunque tampoco cambiará el sentido de los comicios del próximo 2 de junio, eso en México, ni una quinta filípica de Demóstenes.
Pero sí, el debate fue una birria. Así lo quisieron los partidos y así lo aceptó el INE, porque no tiene de otra. Si su hígado requiere ser reactivado, échele un ojo al acuerdo del Consejo General del Instituto Nacional Electoral en que se definen su formato y sede, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 15 de febrero de este año: https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5716984&fecha=15/02/2024#gsc.tab=0.
Se hacen nudo las tripas leyendo tanto retruécano que solo prueba que nadie confía en nadie, que todos se consideran tramposos y por eso se empeñan en poner puertas al campo, porque a fin de cuentas, no pasa nada si al grito de ¡palo dado ni Dios lo quita!, decide saltarse las trancas un debatiente, saliéndose del formato, demoliendo a su adversario (debatiente: adjetivo deverbal, participio activo del verbo debatir, que por ser de la tercera conjugación termina en -iente, se le recuerda para que no vaya usted a pensar que es un barbarismo… de nada).
Si usted lo vio, este tecladista no le faltará al respeto diciéndole qué vio y si no dedicó dos horas de su vida al trepidante asunto, menos intentará probarle que se perdió de un capítulo de la historia patria… para nada. Además, los debates en México no influyen lo suficiente en el electorado como para cambiar la decisión del tenochca en casilla, armado con crayola; si así fuera, le comenté ayer, Diego Fernández de Ceballos hubiera sido presidente de la república… o Porfirio Muñoz Ledo.
También acomoda comentar que el debate fue visto por lo que en el sistema métrico tenochca se denomina como “cuatro gatos”, muy pocos, pero muy pocos del gallardo peladaje nacional. Mire usted:
Según el INE, los que vieron el debate en televisión fueron 11.4 millones de mayores de 18 años (conteo muy de fiar por ser de IBOPE, que está asociado con la Nielsen, adelantito le cuento); en Facebook: más de 2.3 millones de usuarios (según conteo propio de esa red social); por X (antes Twitter), 850,000; por Youtube (en el canal del INE), 188,000 personas. Suponiendo que todos lo vieron completo, suman 14 millones 738 mil ciudadanos. Muy bien.
El listado nominal, los que tienen credencial de elector y pueden ir a votar, son 99 millones 84 mil 188, connacionales. O sea, vio el debate el 14.87% de los tenochcas con credencial del INE en mano. Digamos el 15%… ¿es poco o es mucho?
Bueno, insiste el tecladista en que como las comparaciones son odiosas, comparemos. En los EUA, el debate entre el Trump y el Biden en 2020, lo vieron más de 73 millones (también según Nielsen), de un total de 258 millones 39 mil 281 en edad de votar. Esto es casi el 30%; el doble que en México (y se advierte a usted que ese debate en los EUA es el que menor audiencia ha tenido en mucho tiempo, el del año 2016, del Trump y Hillary Clinton, lo vieron 84 millones, con un tercio menos de población en edad de votar, o sea, lo vieron cerca del 50%… y en 1980 el de Jimmy Carter y Ronald Reagan fue visto por 80.6 millones, con todavía menos población adulta). Dicho de otra manera, allende el Bravo, a la gente le importa más que aquí. Ni modo, así somos.
Y para ratificar nuestra colectiva confianza en las encuestas, entérese que el pasado 3 de abril, el Heraldo publicó la realizada por Poligrama que se presenta como una “empresa especializada en estudios de opinión, comunicación política y campañas electorales en México y América Latina” (Costa Rica, República Dominicana, Guatemala y Ecuador). O sea, son la madre del cordero. Bueno.
Pues Poligrama anticipo que el 76.6% de nosotros, orgullosos integrantes de la ciudadanía nacional, veríamos el debate; que el 39.7% podrían cambiar su voto a resultas del debate. ¡Ah! y también que el 60.5% dijo que no sabía cuándo era el debate, aunque más adelante informan que el 73.3%, sí sabían que era el domingo pasado. A ver, créales.
Ahora sabemos que lo vio el 15% y podemos confiar porque nada más la Nielsen reportó 11.4 millones en televisión; Nielsen es la más sólida empresa de encuestas y ‘raitings’ en televisión del mundo, con sucursales en más de 100 países. Se fundó hace 101 años y en marzo de 2022, un grupo de inversionistas la compró por 16 mil millones de dólares (como para comparar con nuestras empresas tenochcas).
Como sea ya quedamos, debate no da votos y lo que nos dicen los analistas es lo que mejor les parece, aparentando lo que no es, porque es de pena ajena.

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