LA FERIA/Sr. López
Moría de un mal parto una de las tías de allá de Autlán. Le habían matado hacía poco al marido y tenía siete hijos más, varones todos. Mandó por su hermano mayor, tío Macro, tipo hecho a marro, ranchero adinerado al que hasta las vacas obedecían con la mirada. Le pidió que le jurara que se encargaría de sus hijos y el tío juró. En el panteón, inhumada ella, llamó a los siete: -A su madre dije que de ustedes me encargo… a ver… ustedes tres -y señaló a los más chicos-, se van con su tía a la casa… y ustedes -dijo a los cuatro mayores, que eran parranderos y malas pécoras-, se van del pueblo o me encargo de ustedes -tan tan.
De veras no tienen remedio algunos políticos de ogaño (si quiere póngale ‘h’, vale). Siempre hacen las mismas cosas inútiles. Nada les han enseñado los años, siempre caen en los mismos errores… y nosotros los del peladaje, otra vez a brindar con extraños y a llorar por los mismos dolores.
Ayer, pasado el susto de que el mefítico (apestoso, pues), Trump reventara la economía nacional, la señora del segundo piso (al fondo a la izquierda), en el Museo Nacional de Antropología e Historia, con todo su gabinete, gobernadores (no todos), líderes sindicales (selectos, los de probada complicidad), y varios empresarios (escogidos, los más conchabados), anunció 18 programas y acciones para fortalecer el Plan México y poder echar trompetillas al Trump si se vuelve a poner pesado (ella lo dijo bonito).
No vale la pena enterarse del contenido y propósitos de esos programas y acciones. No serán alcanzados sus objetivos. No se cumplirán. Nunca ha pasado. Hablan de soberanía alimentaria; autosuficiencia energética; fortalecer la producción nacional… esa gata la vienen revolcando hace seis años.
México padece de un exceso de programas de los que algunos funcionan pero menos desde la llegada del huracán transformador (por lo pronto, los programas del sector salud). Para que se entere, este año, solo los programas y acciones federales, estatales y locales, para el desarrollo social, son 7,925 (dato del Coneval).
Todos cuestan y constituyen una continua hemorragia de dinero no pocas veces desperdiciado, mal gastado y no tan raramente, robado (sigue cobrando su pensión el millón de viejos que no existen… 6,200 millones de pesos bimestrales que no se sabe a dónde van a dar, bueno, sí).
Y no se le olvide, en el presupuesto oficial de este año los programas sociales prioritarios del Bienestar cuatrotero, ya suman 836 mil millones de pesos (mdp), mientras a educación, que debiera ser la prioridad AAA del país, le tocan solo 723 mil mdp; a seguridad, menos, 297 mil mdp (ni que hubiera criminales como para andar metiéndole dinero); y al campo solo le asignan 104 mil mdp, total, podemos importar comida o comer poquito (hasta es más sano). Por sus presupuestos los conoceréis.
Como sea, da ternura el evento de ayer en Antropología de la señora del bastoncito de mando de caramelo, con su aroma inconfundible a aquél priismo imperial. Debe ser sincera su intención de impulsar la economía del país, pero resulta cómico que quien representa el principal lastre del país, proponga ser su motor.
En teoría, el gobierno al ejercer el gasto público, aporta a la economía, al Producto Interno Bruto, porque contribuye al consumo con lo que compra, lo que paga de sueldos, lo que reparte en programas sociales, sí, pero todo lo que gasta lo obtiene de los impuestos (productos, aprovechamientos y zarandajas varias), o sea, nos lo saca del bolsillo y se lo gasta, por lo que en rigor, no aporta nada, le da la vuelta a lo de todos (y encima se endeuda, a nombre de los gallardos tenochcas que ya pagaremos, como siempre pagamos).
Las empresas productivas del gobierno (oxímoron si los hay, como ‘silencio atronador’ o ‘frío que quema’… ‘empresa productiva del gobierno’, ¡qué risa!), esas son agujeros negros que pierden carretadas de dinero aunque, claro, en las cuentas nacionales se supone que aportan, pero la realidad es que se las subvenciona. Y tiene su gracia perder dinero sacando petróleo, el ‘oro negro’ acá se hace boñiga; o perder dinero teniendo de cliente cautivo a todo un país, como la CFE, tiene su gracia.
Los que sí aportan a la economía del país son los empresarios, los grandotes y los chiquitos, incluida la señora de las quesadillas, que esa sí contribuye, en tanto que la temporal inquilina de Palacio, no, ni con sus impuestos que sí los paga, pero con el mismo dinero que sale de nuestros bolsillos.
México, así y todo, es una de las primeras 15 economías del mundo, pero quede clarísimo: nada tiene que ver el gobierno en lo que el país produce, nada; igual que nada tiene que ver en las cacareadas hasta la náusea riquezas naturales, gastronómicas, culturales, etc. etc. todas ajenas a quienes nos gobiernan (es un decir).
Mucho le debe este país a un señor al que ya le hará justicia la historia: Carlos Salinas de Gortari (no, no era santo, no anda uno buscándole marido a la Patria), por el tratado de libre comercio con Norteamérica, sin el que de veras, ahora estaríamos de dar lástima. Y también a los siguientes cuatro presidentes, no por el Tratado, que ya estaba, sino porque por primera vez en este país, empezamos a tener verdaderos contrapesos al poder que, dando tiempo al tiempo, derivarían en una gobernanza eficaz y sin estar el país librado al capricho de ningún gobernante.
Pero ya ve usted: ganó la presidencia en 2018 un egresado de las Academias Echeverría, carrera de Babas Públicas (con honores), y de a poquitos fue desmontando el gobierno, deformando leyes (el amparo, por ejemplo), y remató con el Poder Judicial.
Ahora México está en un absurdo: aspirando a un pasado de partido hegemónico que no volverá, porque el pasado jamás se repite, no haga caso a frases ingeniosas, pero falsas.
La pena es que la señora Presidenta sí podría hacer la diferencia, asumiendo su verdadero papel de garante de la ley y echando a la calle a esos que le dejaron encajados… son incorregibles, son peso muerto.