Manoseados

0

LA FERIA/Sr. López

Allá a principios del siglo pasado, contaba la abuela Elena, el alcalde en Autlán era el Tomasón, un tipo ventrudo, de huarache, sombrerudo de pistola del cinto, casi analfabeto y respetado por todos, por sabio y entrón. Decía que una vez robaron a uno su semilla y se quedó sin sembrar, pero de alguna manera el Tomasón supo quién era el ladrón y sentenció: -Te ‘robates’ la semilla, te ‘robates’ el maizal -y le dio toda la cosecha al dueño del grano. Sabio.

En nuestro idioma, el español, que así se llama para rabia de cuatroteros y similares, la palabra ‘tal’, puede ser adjetivo, adverbio y pronombre (para su acervo del saber inútil), y entre otras acepciones tiene la que significa ‘igual’, como cuando decimos ‘tal cual’ o ‘tal y como’. Se entiende.

Tal viene del latín, ‘talis-tale’, que derivó en ‘talio-talionis’, de donde viene eso de la Ley del Talión, que a brocha gorda es que la pena sea idéntica a la falta, idea de Hammurabi por ahí de 1800 años antes de Cristo, para con penas no arbitrarias, sustituir la venganza. Los romanos acuñaron la frase: “Tal crimen, tal castigo” (traducción a marro de “quale scelus, talis poena”).

Nada más póngase abusado: no hay ninguna ley con ese nombre, así le decimos a la ley que prescribe el “ojo por ojo”.

Eso del “ojo por ojo”, viene en la Biblia: “Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe (Éxodo, capítulo 21, 23-25, para que lo encuentre rápido y vea que no está uno inventando).

Ni Hammurabi ni los que escribieron el Éxodo, promovían una sociedad brutal, la idea era (es), lo opuesto, que la justicia no fuera revancha, abuso de crueldad, que fuera retributiva. No se le pase: estamos hablando de casi dos mil años a.C.

Bueno. Ayer, la señora del segundo piso (al fondo a la izquierda), doña Claudia de Macuspana, a la pregunta de un periodista canadiense sobre si México tomaría represalias en caso de que nos imponga aranceles el tipo ese del bronceado artificial y pelos Miss Clairol 71 (rubio cenizo), respondió:

“Nosotros no creemos en el ojo por ojo, diente por diente porque eso siempre lleva a una mala situación”. ¡Vaya!… ¿qué propone?… ¿la ley de ‘flojitos y cooperando’?

Esa respuesta no es sino la prueba empírica de la influencia irresistible que tiene en la señora el anterior arrimado en Palacio, el que NO vive en Palenque, quien dijo y repitió varias veces que no creía en la Ley del Talión, porque “todos quedaríamos chimuelos y tuertos” (él tan ingenioso, todo lleno de gracia). Y ahí va nuestra Presidenta a repetir lo que oyó con delectación de su faro y guía, luz y buen pastor (de ovejas del Bienestar).

Tal vez (porque es muy lista), se percató de la barbaridad que había dicho y agregó: “Por supuesto que se toman medidas porque se toman medidas del otro lado (…)”. Lo que deja al tenochca simplex con la duda; ¿sí o no?… ¿en qué quedamos?… ¿nos dejamos o no nos dejamos?

Y sin hacer pausa, ahora recapacitando (porque es muy lista), en que no le aguanta un recargón al fétido Trump, se corrigió: “(…) pero tiene que continuar el diálogo, no es un asunto de me pusiste, te pongo (…)”; y el tenochca de banqueta, se empieza a enchilar: ¿entonces no?… porque si no es de “me pusiste te pongo”, es de ir a la botica a comprar una mezcla semisólida de hidrocarburos de petróleo (Vaselina). Y oiga usted, no, eso no.

La doñita se siguió de frente y sin retoque, y agregó (porque es muy lista), que se trata de “qué es lo mejor para México, cómo afrontar esta situación, siempre puede haber aranceles a uno u otro país pero lo más importante, mi responsabilidad como Presidenta es el pueblo de México”. En este punto el tenochca promedio se da por vencido: ¡ya vamos a empezar con eso de México, creo en ti!, y con eso de “el pueblo”, al que se invoca siempre que se termina el mecate del discurso vacuo cuando no embustero.

Que se entere la señora: quien sea que ocupe la titularidad del Poder Ejecutivo en este país, no tiene como responsabilidad al “pueblo”; no le estamos pidiendo chamba, ni que nos complete el gasto ni nos ayude con la tarea de los niños. No la contratamos de mamá nacional.

Lo que es su obligación es cumplir y hacer cumplir la ley, nada más y eso, bien entendido: sin hacer leyes a modo y capricho, como es la costumbre de esa turba confusa y desordenada que hoy domina el Congreso. Y para que vea que no son ganas de cargarle la mano a los cuatroteros, ese vicio (mala costumbre), de legislar al gusto, pertenece a la más rancia tradición de nuestros políticos, de siempre. En nuestra risueña patria la ley “è mobile, qual piuma al vento”.

Lo único nuevo en este tiempo canalla, es el cinismo espectacular de los que tienen el gobierno, el Congreso (y pronto al Poder Judicial). Si lo duda, entérese que ayer aprobó la Cámara de Diputados una reforma a la Ley de Obras Públicas que exenta a las empresas públicas (las del gobierno), de transparentar sus procesos de adjudicación, ampliación de contratos y determinación de importes; eso incluye pero-por-supuesto, al ejército, Pemex y CFE. Ya es legal hacer lo que les venga en gana. ¡Qué bonito es lo bonito!

Mientras, el país está a la espera de saber qué hará nuestro gobierno si el Trump decide rompernos el espinazo, no para equilibrar el comercio ni zarandajas, sino por lo que han dicho y repetido, porque “los cárteles tienen una relación intolerable con el gobierno de México”, este, el que es la continuación del anterior, su segundo piso.

Por eso le sacan la vuelta al “ojo por ojo”, por el temor de que si le plantan cara al tío Sam, le dé un tirón a la cobija de Palacio, se les caiga el tinglado y el mundo sepa que en este nuestro país, como dice Cambalache de Santos Discépolo: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor/ Lo mismo un burro que un gran profesor/ Los inmorales nos han igualado (…)”; y así estamos, revolcados en el mismo lodo, todos manoseados.

Deja una respuesta