Éntrele

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LA FERIA/Sr. López

Tío Iván a punto de pasar al definitivo estado de fiambre y tía Rosa, su casi viuda, rogándole que hiciera testamento. Pero aparte de rico como Creso, era malo. Su desquite por el disgusto de morirse fue no testar. Mandó por sus once hijos y con la tía presente, dijo apenas audible: -… les da gusto que me muera… a mí me da más que se van a tener que matar para heredar… mátense -así de malo.Un pequeño rodeo antes de entrar en materia.

El 8 de mayo de 1846, los EUA nos invadieron y cinco días después nos declararon la guerra. México se las declaró diez días después. ¿Cuál era la prisa? En 1848, los gobernantes de entonces, perdieron la guerra y la honra. El país, más de la mitad de su territorio.La honra porque en vez de dejar que los EUA nos robaran territorio a la mala, nuestros honorables gobernantes se los vendieron en 15 millones de dólares… a plazos, todavía les dieron fiado. Ni reclamar podemos, vendieron.

Si le dicen que ni era nuestro ese inmenso territorio, no es cierto, México estaba bien delimitado en el Tratado Adams-Onís de 1819, entre España y los EUA; y estaba habitado, por eso las cláusulas VIII y IX del Tratado Guadalupe Hidalgo, con el que el presidente (interino), Manuel de la Peña y Peña formalizó la venta el 2 de febrero de 1848.

Perdieron la honra porque encima de todo, el dichoso Tratado, dice en su introducción que se firma para establecer entre México y los EUA, sólidas relaciones de paz y buena amistad. ¡Buena amistad! Eran indignos o muy cobardes o traidores o las tres cosas. Se dice que los EUA querían más territorio. Bueno, sí, pero lo que se jugaba era cuál de los dos países sería la potencia dominante en América.

Poquita cosa.Si lo duda, busque el análisis del mayor Nathan A. Jennings, profesor adjunto en el Departamento de Historia Militar de la Escuela de Comando y Estado Mayor del Ejército de los EUA (‘Alianzas improvisadas: operaciones conjuntas de Estados Unidos en la guerra entre México y Estados Unidos’).

Haber perdido la guerra contra los EUA no se explica, entérese: los yanquis nos invadieron con 8,600 soldados e infantes de marina, por Veracruz, más 1,173 marinos por Alvarado y Tuxpan, que allá se quedaron. Los 8,600 solos, avanzaron hasta tomar la Ciudad de México.

El ejército mexicano contaba con 19,000 tropas regulares y con reclutas llegaba a los 38 mil… contra 8,600… ¿pero qué pasó?El mencionado Jennings, califica la invasión y dominio de la capital como “una tenue ocupación del Valle de México y sus 2.3 millones de habitantes”. ‘Faint’, tenue, débil, con 8,600 no se domina a más de dos millones. A pedradas los arrasan.

¿Qué pasó?Divisiones entre políticos y militares, mezquindades y egoísmos, llevaron a esa catástrofe.Uno de los políticos más importantes de ese entonces, Lucas Alamán, afirma: “el dinero gastado en armar a las tropas mexicanas simplemente les permitió luchar entre sí y ‘dar la ilusión’ de que el país poseía un ejército para su defensa” (cita en ‘The US–Mexican War 1846-48’, página 138, no batalle).

En México, el pleito era entre la masonería escocesa, conservadora, centralista y rabiosamente patriótica, y la masonería yorkina, liberal, federalista y rabiosamente proyanqui (la de Juárez y los de la Reforma). Su competencia por el poder dividió al ejército en facciones que no lucharon contra el ejército invasor sino entre sí.

Al perder la batalla del convento de Churubusco, el general Pedro María Anaya dijo al general David Twiggs: “Si hubiera parque, no estarían ustedes aquí”… se lo mandaron de calibre equivocado; entre militares no se comete un error así: fue intencional, querían que perdiera, perdió, perdió México.

Santa Anna, refiriéndose a la derrota y pérdida del territorio, dijo con pesar: “Por vergonzoso que sea admitirlo, nosotros mismos hemos provocado esta vergonzosa tragedia a través de nuestras interminables luchas internas” (‘The Mexican War, 1846-1848’, de Karl J. Bauer, páginas 16 y 17).

Documenta William Fowler estas vergüenzas de nuestros gobernantes de entonces diciendo (Santa Anna and His Legacy’, página 12), que mientras la guerra se libraba “los políticos mexicanos discutían y utilizaban la retórica antinorteamericana para ganarse al público, pero no tenían planes sustanciales para la reforma nacional” (The Oxford Research Encyclopedia of Latin American History).

Testigo de los acontecimiento, el intachable Vicente Riva Palacio, dice en ‘México a través de los siglos’, sobre nuestros ejércitos ante la invasión yanqui: “(…) sus jefes, más preocupados por obtener empleos bien remunerados y otros privilegios (…) actuaron, ‘con sus excepciones’, impulsados por la cobardía, avaricia y la traición”. Cobardía, avaricia y la traición, anótelo.

No se cargan las tintas con aviesa intención, ante tan grave emergencia nacional solamente siete estados de la república, contribuyeron con hombres, armas y dinero para la defensa nacional.

“Un soldado en cada hijo”… ¡sí, cómo no!Este pequeño rodeo fue para alertar a doña Sheinbaum: su antecesor, patológicamente desconfiado como el malhechor que es, le entregó un bastón de mando de juguete mientras él mantiene el control de Morena, del Congreso, medio gabinete y casi todos los 23 estados que gobiernan, y el país dividido; todo para asegurar su impunidad y la de los suyos, que por eso le son leales, por impunidad de sus inmensos latrocinios. Así de bajos.

De 1929 a 2018, México consiguió y mantuvo, la unidad nacional. La hemos perdido por el discurso polarizante del Pejestorio y la Presidenta lo continúa. Señora, se le viene un año muy difícil, deje de atacar a los partidos, a la prensa, a cualquiera que no sea un sumiso cuatrotero.

La agónica economía nacional y la lucha contra el crimen organizado, sin todo su gobierno y sus gobernadores, a su lado, será una estrepitosa derrota. Menos un estado, los demás fingen luchar contra el crimen organizado, entérese.Señora, su lealtad es equivocada, sus miedos, infundados. Tiene poder sobrado. Es por México, éntrele.

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