LA FERIA/ Sr. López
Largos años, tía Martha tuvo sobrados motivos para saberse portadora de abundante cornamenta. Ya para celebrar sus cuarenta años de matrimonio con tío Quique, retumbó por todo Toluca la noticia de que lo había dejado. En una tertulia de señoras de la familia, contó que tío Quique le confesó que ya no, pero que había tenido no una, sino dos casas chicas, con hijos y todo -en las dos-, y ya viejos quería su perdón. Las señoras aplaudieron que hubiera dejado al infiel canalla y la tía las dejó mudas: -Si no lo dejé por eso, lo dejé por creer que soy una cínica que va a tragarse semejante cosa y seguir viviendo con él -bueno, cada quien.
En este mundo ha habido gobernantes de toda laya. Sobran ejemplos de los que quedaron en la historia por su maldad: Calígula; Iván el Terrible; Leopoldo II de Bélgica, por lo que hizo en el Congo, es deseable que sí exista el infierno, otro día comentamos, nomás le digo, ni Stalin; y otros, sin insistir en los monstruos del siglo XX. También ha habido tontos como Luis XVI, Nicolás II, o más para acá, Maduro, que brilla de imbécil.
Lo que es muy raro, son los gobernantes cínicos. Los malos, los ladrones, los crueles, los asesinos y los ineptos, no hicieron gala de sus defectos y por soberbia o pudor, intentaron presentar otra imagen, mintiendo, claro. Pero cínicos hay pocos y conviene anotar para no confundir las cosas, que los tontos no son cínicos, son tontos y se les nota, por tontos no por descarados.
En esta nuestra risueña patria, hemos tenido presidentes de presumir y otros de pena ajena. De todo hemos aguantado, honestos y bandidos, inteligentes y brutos, caballeros y bestias, rectos y torcidos, pero cínicos parece que ninguno y deje en paz a Santa Anna, él en su tiempo era más que popular, muy querido y respetado por todos, que por eso le iban a rogar que regresara a la presidencia, aunque él lo que quería eran sus peleas de gallos y sus incursiones en faldas ajenas, otro día.
Por supuesto antes ayudaba a que los presidentes no anduvieran bailando en la boca del peladaje, que hablaban poco, muy poco, algunos, casi nada, en público se entiende.
Este menda recuerda con claridad que en su lejana infancia era una noticia que llamaba mucho la atención, cuando en la radio anunciaba alguno de los locutores de entonces, de voz educada, que tal día a tal hora, en cadena nacional “el ciudadano Presidente de la república, dirigirá un mensaje a la nación”; y créalo, se vaciaban las calles, la gente sabía que algo importante pasaba o sería informado, además de que oír la voz del Presidente era un acontecimiento.
Y ahí estaban los adultos con la oreja atenta a la radio. Y hablaba el señor y hablaba poco. Entendían los adultos, uno, gente menuda, no, pero no importaba, había oído al Presidente y no se debe dejar de mencionar: salvo las excepciones que en todo hay, la generalidad de las personas mostraba respeto, no era moco de pavo, eran palabras presidenciales.
Otro tiempo en el que esa reciente manía de ser populares, les importaba un pito a los políticos en general y a los presidentes en particular, lo que no querían era ser repudiados ni hacer el ridículo ante la historia. Otra cosa: sus discursos, leídos, eran piezas impecables, mentirosas o no, es otro asunto, pero cuidaban mucho lo que decían.
Poco a poco se les fue descosiendo la boca hasta que llegamos al campeón de la logorrea, (no hay antibiótico que cure esa enfermedad de transmisión política), el Pejecutivo que desde sus tiempos de Jefe de Gobierno de la CdMx, impuso sus desastrosas mañaneras y con la repetida práctica de tan inútil vicio (sus adeptos dicen que fue una “genialidad” porque fijaba la “agenda política”), llegó al cinismo: mentía con descaro, negaba la realidad con desvergüenza, defendía con impudor sus frecuentes pifias y sus acciones más reprobables; ejemplos sobran, lo que no hay es espacio.
Terriblemente, la señora del segundo piso, Claudia Sheinbaum Pardo, asumió como un deber de lealtad política al Pejestorio, continuar con la diarrea verbal, con una diferencia, eso no la llevó al cinismo, ya venía practicándolo desde que asumió, siendo ingeniera ambiental, la responsabilidad por los estudios técnicos necesarios para la ejecución del proyecto del segundo piso del Periférico y luego su construcción, para actuar de tapadera de esas cuentas nunca aclaradas… y tan fresca; luego como Delegada en Tlalpan cuando derrumbe del Colegio Rébsamen con sus 26 muertos… y tan fresca; después, ya como Jefa de Gobierno de la CdMx, el colapso de la Línea 12 del Metro por falta de mantenimiento, con otros 26 muertos… y tan fresca.
Ya hospedada en Palacio Nacional, su cinismo es divisa, conducta, norma. Se nos repite machaconamente el credo del Pejehová: no mentir, no robar, no traicionar… pero los 130 mil desaparecidos son 43 mil; lo del huachicol fiscal “se va a investigar”; ya hay abasto de medicamentos; repetidos escándalos de corrupción y de la vida de privilegio de los cuatroteros y la señora repite y repite que “el régimen de corrupción y privilegios, ha terminado”; la negación durante dos meses del derrame de petróleo en el Golfo (las “chapopoteras”), para acorralada por evidencia de satélites y análisis internacionales, decir que sí, que fue Pemex y que “no tienen nada que ocultar”… pues lo ocultaron dos meses, señora Presidenta, dos meses (más, 72 días).
Y nomás por no caerle gordo a la doñita ya no comentemos nada de los negados incendios en la refinería de Dos Locas (la Olmeca) y en la de Tula (fotos y videos con llamas y humo no prueban nada, viera usted); y el descarrilamiento del Tren Interoceánico en Oaxaca, el 28 de diciembre de 2025, con sus 14 muertos (suma y sigue).
Nada de eso ha pasado… y si pasó, solo los enemigos de la transformación andan de fijados.
Lo que debería calcular la doñita de bastón de palo, es el punto de quiebre de la paciencia de la raza… a más bravos se las han cobrado y han acabado en un lugar de la historia de donde nunca se sale: el basurero.